Casa Lamm

En la Colonia Roma, las primeras casas comenzaron a construirse en 1906. Éstas no sólo eran grandes y ostentosas, sino que se convirtieron las últimas del estilo afrancesado y Art Nouveau, característicos del Porfiriato. Quienes habitaron estos inmuebles formaban parte tanto de la nueva burguesía como de la aristocracia de la ciudad, pero con el estallido de la Revolución, muchas de estas personas no pudieron salir del país y se quedaron con el sueño de seguir viviendo como en tiempos de Don Porfirio. Una de estas casas, es la famosa Casa Lamm

Un predio de 2 400 m2, ubicado en el número 99 de la avenida Jalisco —hoy Álvaro Obregón—, en la esquina con Orizaba, fue adquirido por el Ingeniero Lewis Lamm Payne como parte de sus concesiones como inversionista en la colonia. La casa se construyó entre 1910 y 1911 con la finalidad de que fuera habitada por la familia.

1Entre los lujos que tenía la arquitectura de la casa estaban el gran sótano que se encontraba debajo de todo el espacio habitado, las esquinas en Pan coupé típicas de la colonia y el sello distintivo de la arquitectura de la época: una ventana veneciana, que ya había sido utilizada por la familia en otras de sus propiedades.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos del ingeniero Lamm, la casa nunca fue habitada por la familia, una teoría es que en realidad a su esposa, Doña Elena, nunca terminó de gustarle. Esto, aunado al clima que políticamente se vivía en México, hizo que Lewis Lamm permaneciera en su casa de Córdoba 42 y arrendara la casa de Av. Jalisco a los maristas para que ahí establecieran el “Colegio Francés Jalisco”. Con la muerte del ingeniero, Doña Elea dio por terminado el contrato y un año después la casa pasó a manos de la familia García Collantes, quienes la habitaron hasta principios de los noventa.

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En 1993, las tres hermanas Gómez Haro, Elin Luque y Elena Lamm tomaron la propiedad para establecer un centro cultural. Sin embargo, el paso del tiempo había deteriorado la propiedad y se hizo necesaria una restauración que estuvo a cargo del arquitecto José Luis Espinosa. Se rescató gran parte del material original y el comedor se adaptó para que se convirtiera en un restaurante al que llamaron “Las flores del mal”, mientras que el sótano fue el lugar ideal para albergar ahí una librería, la “Pegaso”.

Hoy, la Casa Lamm sigue siendo una de las construcciones y más representativas de la ciudad y de la colonia que además es aprovechada para promover la cultura.

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